martes, 26 de julio de 2016

¿Por qué Hillary Clinton no puede con Donald Trump?

Si Trump es un villano de película, ¿cómo es que Hillary Clinton no está cuarenta puntos por delante en las encuestas? De otro modo, si el país tiene que elegir entre una mujer razonable con mucha experiencia y un misógino faltón e irresponsable... ¿Cómo es que la mujer razonable no arrasa? En los últimos sondeos, Trump va incluso por delante gracias a la tradicional subida tras la convención. ¿Por qué?

Porque Clinton no ilusiona
Para empezar, hay que decir que Hillary Clinton dista mucho de ser la candidata perfecta. Es cierto que tiene oficio y es disciplinada, no comete errores no forzados y es una máquina de recaudar dinero. Pero precisamente porque se sabe la lección, porque jamás se sale del guión, nunca ofrece un momento auténtico. Nunca se ve a la persona, sólo a un personaje muy bien pulido por la mercadotecnica política a lo largo de los años. 

En ella todo suena ensayado, tibio, profesional... Competente, sí, pero nada ilusionante. Esto no sería un problema si las elecciones presidenciales fueran un concurso de méritos, pero son mucho más. Los estadounidenses no buscan sólo un gestor, buscan un líder. Alguien que sepa gobernar pero también inspirar y ahí Clinton tiene un problema. Ella puede encabezar un gobierno o un partido, pero no un movimiento como Obama o Trump. El voto racional lo tiene ganado, un 60% piensa que está preparada para ser presidenta por un 35% de Trump, pero es que hay mucha gente que no vota con la cabeza.

Porque los votantes de Trump son irreductibles
Por el contrario, Donald Trump sí que encabeza un movimiento. Su base de votantes, casi exclusivamente blanca y predominantemente con pocos estudios, está con él a prueba de bomba. Ante las noticias que documentan sus múltiples cambios de opinión o sus propuestas más locas, hay un gran grupo de personas que o no las oyen, o no las creen o no les importan. Están con el personaje. Encuestas recientes muestran que la lealtad de los votantes de Trump es altísima y su motivación para acudir a las urnas, completa. Las informaciones negativas y los ataques desde dentro y desde fuera de su partido no hacen más que reafirmarlos. 

Este déficit de entusiasmo es importante: no es lo mismo votar contra alguien que votar a favor. El que está a muerte con Trump votará, donará, convencerá a sus amigos y será voluntario. El que está contra él pero tampoco entusiasmado con Hillary tiene más papeletas para quedarse en casa el día de  la elección. 

Porque Clinton lleva mucho equipaje
No es fácil apoyar a Hillary si no es por atacar a su rival. Ella y su marido dan un poco de rabia, incluso a los demócratas. Todo a su alrededor suena un poco fullero: su negativa a hacer públicos los carísimos discursos que daba a los ejecutivos de Wall Street, los tejemanejes financieros de su fundación, todo el follón legal de manejar información clasificada en su propio servidor de correo... los dos tienen una larga historia de atajos, de caminar al filo de la ley y de no reconocer sus errores. Desde Mónica Lewinsky en adelante, siempre han sido así.

Los votantes hace 30 años que conocen al matrimonio Clinton, lo bueno y lo malo. En un sentido puede ayudarla porque esa predictibilidad es lo contrario de lo que ofrece Trump. Con ella sabes a qué atenerte, sin muchas sorpresas. Sin embargo hay hartazgo antes de empezar. Otra vez las mismas caras, las mismas historias y los mismos trapicheos. 

Porque Trump representa a muchos
Por mucho que nos disguste, Trump representa a mucha gente que hasta ahora había sentido que no tenía voz. Cuando dice que "En América hablamos inglés, no español" es algo a lo que ningún candidato presidencial demócrata o republicano se atrevería, pero miles y tal vez millones están de acuerdo. No sólo están de acuerdo, además están encantados porque nunca se lo oyen a alguien por la televisión.

Trump no está interesado en explicar las complejidades de la globalización, pero habla claro y señala culpables. Los mexicanos, los musulmanes, los refugiados, los medios, el sistema... Su candidatura es la del odio, y el odio es una emoción intensa que seduce a muchos. La paz, la concordia y la convivencia son el discurso normal de la política actual, pero él promete victoria, venganza y prosperidad. Aun sin especificar mucho, es un cóctel atractivo para muchos votantes enfadados.

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