domingo, 13 de marzo de 2016

Lo de Donald Trump ha dejado de tener gracia

Aquí va a haber muertos. No es una gracieta ni una frase hecha, es por desgracia una predicción. Todo ha cambiado.

Cuando en los mítines de la campaña de 2008 la multitud llamaba árabe y terrorista a Obama, el republicano John McCain alzaba la voz y decía de su rival "Obama es una persona decente y no deben temerle como presidente". Le abuchearon en su propio acto. Hoy, el favorito para la nominación republicana Donalld Trump empuja a sus seguidores a echar de los mítines a quien se cuele para protestar y se ofrece a pagar los gastos legales al fan que golpeó brutalmente a uno de ellos. "Se dejó llevar", ha dicho, "me están tratando tan injustamente...".

En los mítines de Donald Trump los reporteros tienen que limpiarse los escupitajos después de trabajar. La multitud le grita "¡Construye ese muro!" y él dice "¿Quién va a pagarlo?". Enfervorizados le responden "¡México, México!". Hemos visto saludos nazis, sí, y también cómo el candidato pide a sus seguidores que juren brazo en alto que votarán por él. Si la megafonía requiere a los presentes que no golpeen a la gente que se cuela a protestar, hay abucheos. Ya se ha visto obligado a cancelar dos actos por razones de seguridad y ayer el servicio secreto casi se lo tiene que llevar del escenario. América, 2016. 

Lo peor de Donald Trump no es que sea un "ultraconservador" como dice la prensa española. Trump está a la izquierda de sus rivales republicanos en muchas cosas. El problema es que es un narcisista descerebrado e ignorante que se ha subido a una ola que no puede gobernar. Una ola racista, indignada y un poco conspiranoica tan vieja como el país. Dirá cualquier cosa escandalosa que le mantenga en la televisión y le votarán todos los que están dispuestos a creer siempre lo peor. Nacionalismo, resentimiento, racismo y promesas imposibles. Tal cual están las primarias republicanas puede bastarle con eso.

Donald Trump ha pasado de chiste a tragedia en el tiempo que tardan una veintena de estados en votar. Una tragedia para un partido republicano secuestrado por sus propios fantasmas. Una tragedia para todos los que decimos que los estadounidenses están muy lejos del estereotipo del ignorante racista de gatillo fácil. Y además una tragedia real que está por llegar: porque Donald Trump está agitando los peores institntos de mucha gente y eso en ese país suele acabar mal. Ya ha acabado mal muchas otras veces. 

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