lunes, 16 de noviembre de 2015

Deja en paz a los que ponen la bandera francesa en facebook

Ya salieron, cómo no, los cenizos. En cada gran desgracia, cada vez que la gente experimenta un sentimiento noble de solidaridad, despiertan los cuñados ilustrados en las redes sociales. ¿Por qué ahora sí y antes no? ¿Por qué con estos y no con aquellos? Los maestros de la culpa, los moralistas, los que siempre tienen una idea mejor. Los que hasta en la bondad tienen que sentirse superiores y especiales.

Son los mismos que abroncan a la gente por alegrarse de la victoria de su equipo, porque ya se sabe que si te gusta el fútbol es que no te preocupa el hambre en el mundo. Los que cogen tu pena y te demuestran que es una pena muy mala, una empatía de mierda, y te explican cómo deberías redistribuirla para alcanzar la perfección moral. La suya.

El resto del mundo funciona en un esquema diferente que en periodismo se llama 'distancia emotiva'. Básicamente significa que cuando tu vecino gordo la diña de un infarto, te impacta más que la estadística de la OMS sobre cardiopatías. Porque llevas la misma vida y la misma alimentación que tu vecino, porque te quedas sin aliento en el mismo tramo de escaleras y porque su muerte bien podría ser tu muerte si no te apuntas al gimnasio y empiezas a comer verdura. Lo que no quiere decir que te den igual el resto de infartados. No, en absoluto.

Ninguna de las víctimas de París tenía la culpa. Ninguna sembró viento alguno ni merecía recoger ninguna tempestad. Coger un fusil y abrir fuego contra un restaurante lleno es una decisión consciente e individual. La culpa existe, y no está reservada para los que se ponen una bandera francesa en facebook. Hay pecados bastante peores.

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