domingo, 8 de febrero de 2015

La caída del hombre que inspiró a Will McAvoy

¿Quién no lo ha hecho? Esa anécdota tan buena que después de repetirla mil veces ya no es del amigo de un amigo, sino que prácticamente estabas allí. Y si de verdad estabas allí, ya no era el amigo de un amigo sino que eras tú en persona. Pero lo que pasa es que la anécdota en cuestión no es esa vez que te encontraste (o un amigo) a Leonardo Dantés en una piscina pública, sino aquella vez que dispararon a tu helicóptero (el de al lado) cuando sobrevolabas Irak.

El problema, también, es que el autor de la mentira no eres tú en la barra de un bar sino Brian Williams ante millones de espectadores. Y estaremos de acuerdo en que encontrarte a Leonardo Dantés en una piscina pública es impactante y difícil de olvidar, pero mucho más impactante debe ser que te ataquen con un lanzagranadas sobrevolando territorio de combate.

Lo de Brian Williams contando la historia falsa pero no tan falsa es muy humano. Lo digo porque la primera vez que contó lo del helicóptero lo hizo con la verdad, diciendo que tuvieron que aterrizar porque al helicóptero de al lado le impactó una granada. Fue con el tiempo que embelleció la cosa para llevar la granada a su helicóptero. Viste más pero claro, a qué precio.

El precio lo empiezas a pagar cuando un exmilitar llega al Facebook y comenta en el vídeo de tu mentira "Perdona tío, pero no recuerdo que fueras en mi aparato. Lo que sí recuerdo es cómo te acercaste una hora después de que aterrizaramos a preguntarme qué había pasado". Vaya. Y tú lo reconoces rápidamente y pides disculpas por un error que, dices, no fue intencionado. Pero ya es tarde porque en los grandes medios de Estados Unidos, y esto les honra, la mentira con mayúsculas sigue siendo mortal. Mortal de perder el trabajo y mucho más, como ya contamos por aquí. En el caso de Williams, mortal de que hoy tienes una audiencia diaria de nueve millones de personas y mañana tienes que marcharte a casa "durante los próximos días" pero sin saber si volverás.

Toda una condena para el persona que inspiró al menos un poco el personaje de Will McAvoy en The Newsroom. No el guerrero de la ética periodística de las últimas temporadas, sino el de los dos primeros capítulos. El presentador que no se mete en problemas y cuyo principal valor es precisamente eso, caer bien y no irritar mucho. Una cualidad que vale, o más bien valía, un sueldo de diez millones al año. Fíjate si te puede salir caro hacerte el guay poniéndole pimienta a una anécdota... en la televisión nacional.

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