jueves, 6 de noviembre de 2014

La paradoja Juncker: siempre pierde la UE

Tiene gracia el asunto de Juncker, hay que reconocerlo. Sobre todo por el encanto de esas historias que "todo el mundo sabía". Todo el mundo sabía que Luxemburgo está feliz de ser el paraíso fiscal de la Unión Europea y que gran parte de la prosperidad (mucha) de este 'estadillo' se basa en escamotear a sus socios. ¿Cómo? Permitiendo a grandes empresas pagar allí de baratillo los impuestos que debieran haber dejado por sus ventas en el resto de países de la Unión. Todos lo sabían pero lo que cuenta es tener el papel y eso lo ha conseguido el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación o ICIJ. Tres hurras.

Y es bien irónico que esto le pueda costar el puesto a Juncker, el primer ministro luxemburgués que montó el sistema defraudador y que hoy preside la Comisión Europea. Toda una metáfora del gran problema de la Unión : la misma persona juega en diferentes momentos el rol del jefe de estado miope que trata de sabotear la unión para ganar en el corto plazo y el de directivo comunitario que intenta hacerla avanzar en una dirección que beneficie a todos los socios.

Aunque su conversión sea más o menos reciente, Juncker ha empezado a encabezar la Unión con unos aires europeístas y enérgico no vistos desde los tiempos de Jacques Delors. Desafiante y casi impertinente con el 'otro bando', el de los jefes de estado que se niegan a ceder competencias o a cumplir las normas a las que ya se comprometieron, Juncker anticipaba una nueva etapa de activismo que hace mucha falta en el anquilosamiento comunitario. Sin embargo, su pasado al servicio de los intereses contrarios le hace tropezar antes de empezar.

Aplaudiendo el fantástico trabajo periodístico que ha revelado el escándalo de Juncker, es difícil pasar por alto que quienes más tienen que ganar con su caída son precisamente aquellos que patrocinan una Unión torticera y corta de miras donde el esquema luxemburgués es la aspiración de todos los estados. Sorprende que la catarata de revelaciones sobre el pasado de Juncker, de firma casi siempre británica, refuerce a aquellos que quieren en la comisión otro oscuro burócrata sin carisma ni energía como los de los últimos años. Alguien que no haga sombra ni dé ruido y que se adapte bien a esa Europa en la que lo único común va a ser los mercado.

(1) Ya escribí sobre los ataques a Juncker en el pasado porque la verdad es que él no me gusta, pero sus enemigos me gustan menos aún.

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