miércoles, 10 de septiembre de 2014

Adiós, Ana

Fuera de un golpe militar, Ana Botella sólo podía llegar a alcaldesa por accidente y fue eso lo que pasó. Se coló en el ayuntamiento por la puerta de atrás y supongo que algunos pensaron que a lo mejor resultaba ser lo que no parecía. Pero no, resultó ser justo lo que parecía e incluso con las inmensas tragaderas que tiene Madrid para lo popular, al alto mando marianista le ha parecido demasiado.

Pero además de su escaso talento para la política, lo que ha descabalgado a Ana Botella es un ataque fulminante de no ser Gallardón. Esto es, de no tener la flor en el culo que ha tenido toda la vida el hoy ministro. A una Botella casi recién llegada se le monta una tragedia enteramente gallardonesca en el Madrid Arena y nadie dice ni media: una imprudencia permitida, apadrinada y consentida por el núcleo duro del antiguo alcalde. Luego se mete en defender a golpe de cup of coffee una olimpiadas que probablemente no le importaban un pito y que eran, de nuevo, expresión de la megalomanía de su antecesor. Y para colmo le cae esta epidemia de ramas asesinas, la clásica desgracia que tiene algo de negligencia pero lo suyo de mala fortuna.

Porque estas cosas a Gallardón no le pasaban. O a lo mejor sabía escurrirse mejor, porque es indiscutiblemente más listo que Botella para los asuntos políticos. O a lo mejor El País y la SER le rascaban tanto la espalda que ni nos enterábamos, cuando les parecía la encarnación ni más ni menos que de la derecha europea, moderada y respetuosa. Su sueño popular que se les ha vuelto pesadilla al llegar a ministro, deseoso de enmendarse con la derecha poco europea y nada moderada ni respetuosa que aún tiene su influencia en el PP.

Sólo la casualidad podía ponernos de alcaldesa a Ana Botella, pero eso ya le dejó el karma tan revuelto que las desgracias le han desfilado todas juntal. Rama a rama.

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