viernes, 22 de agosto de 2014

Reencuentro con España

Me he encontrado a España un poco menos ceniza, pero igual de revirada. Me cuentan que las cosas van mejor, algo mejor, un poquito mejor, apenas nada; pero me hablan de la economía y de la política como quien habla del tiempo, que puede uno intentar pronosticarlo pero no controlarlo. Que si le da por llover llueve y es lo que hay. Que si resulta que hace sol, esa suerte que tenemos. Pero que somos irrelevantes o peor, impotentes.

Me hablan de los políticos como de una desgracia bíblica permanente que hay que sobrellevar lo mejor posible. Y eso que tengo mi cuota de simpatizantes de Podemos, pero ni siquiera estos me parecen entusiastas. "Dan caña, y eso hace falta", me dicen. Como si la caña fuera lo único a lo que se puede aspirar. Y a lo mejor es verdad. 

España hace rato que ha dejado de ser dócil pero sigue igual de resignada, es un animal herido. Está tan rabiosa como la dejé, pero no confía en nadie. No hay mesías de ninguna clase, ni siquiera tipos honestos. Nadie tiene el beneficio de la duda. El escepticismo es salvaje y rampante, y parece a la vez la única opción razonable y la realidad más aterradora.

Da pena volver a un país en que nadie cree en nada. Nada por encima del nivel de la calle, nada que salga en televisión, nada que se proponga hacer nada. Resignación, estoicismo y rabia a raudales. Es un mecanismo natural: hay que tener cuidado porque la fila de los oportunistas es tan larga como la de los parados de 48 años que piensan que ya nunca volverán a trabajar, cuyas parejas e hijos han aceptado que ya no volverán a trabajar.

Las cosas van a mejor, yo también creo. Pero ya decía Carlos Goñi que el tiempo es el tiempo y él decide. Resignación.

1 comentario:

  1. ¿Las cosas van a mejor? Pues no debe ser en la España que yo conozco, en la que ofrecen contratos por 1.000€/brutos por 40 horas semanales, y lo hacen como un favor. Y no son casos aislados, es la nueva realidad laboral.

    El país que yo veo y conozco no tiene alternativas económicas, y pese a que la gente repite como un loro (vote lo que vote) "tarde o temprano esto se acabará", la realidad es que nosotros no veremos ese fin.

    A la gente le cuesta ser realista, pero debemos asumirlo.

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