martes, 12 de agosto de 2014

Hillary Clinton tiene mucha razón y muy poca vergüenza

Ya he contado por aquí por qué creo que Hillary no será presidenta, pero como quiero que me podáis dar bien el los morros si la eligen, vamos con más.

Hillary Clinton es más lista que el hambre y desde luego sabe leer una encuesta después de siglo y medio en política. Obama es impopular y será difícil que un demócrata gane la próxima elección declarándose su heredero. Todos los candidatos tendrán que distanciarse en mayor o menor medida pero Hillary ha empezado demasiado pronto, demasiado fuerte y en un tema en el que tiene mucho que perder.

Dice Hillary en una entrevista que el mantra de Obama en política exterior "Don't do stupid stuff // No hagas idioteces" no es suficiente. Que eso ni es doctrina ni es nada y que los países necesitan principios en su acción exterior. Y Señor, qué razón tiene. Obama no tiene agenda internacional y va saltando de crisis en crisis intentando hacer el menor ruido posible, mientras deja además que se le suban a las barbas. El único problema: qué Hillary Clinton fue durante cuatro años la arquitecta del "Don't do stupid stuff" como secretaria de Estado y comulgó con todo. Cuando critica la falta de apoyo inicial a la oposición a Assad y cómo los radicalizó, parece olvidar en qué silla se sentaba durante los dos primeros años del conflicto.

A la 'pre-candidata' ya le están cayendo palos desde el círculo cercano al presidente y haría bien en mirárselo porque la raíz del Partido Demócrata, la gente que se ocupa de llamar a las puertas de los votantes y que clava carteles electorales en su jardín, sigue siendo muy de Obama. ¿Algo desencantados? Desde luego; ¿Entregados a Hillary? Lo dudo; ¿Dispuestos a echar basura encima al presidente? En absoluto.

Esa gente es la que al final acaba decidiendo las primarias: con su dinero, con su esfuerzo y con sus votos. Y si no estaban muy seguros de que Hillary fuera de los suyos en 2008, ahora sólo es ocho años más vieja. Seguro que el establishment la adora, como la adoraba entonces, pero recordad cómo acabó aquello. Hillary no puede ser la candidata del cambio por razones obvias y es seguro que otro demócrata con un rostro fresco jugará ese papel. Ahora también resulta claro que no puede jugar la carta del continuismo, la única baza que tiene el vicepresidente Joe Biden. Pese a todo lo que dicen las encuestas, creo que no es una buena posición de salida.

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