miércoles, 6 de agosto de 2014

Adiós, Nueva York

Discúlpame, Nueva York, por irme casi sin despedirme. No creas que es por desapego, porque ya te echo de menos. A las cuatro de la mañana de la primera noche del regreso, con el jet lag dispuesto a no dejarme pegar ojo, voy a enmendar el error y a despedirme como te mereces. A poner por escrito lo que ha sido este año de americanear: de vivir y también de sobrevivir, de aprender, de mantener los ojos bien abiertos y sorprenderme sin parar. Gracias por todo.

Me hace gracia recordar todos los años en que no quería otra cosa que vivir en Nueva York. Un poco obsesivo, incluso, buscando cómo sin parar. Y eso que en realidad no te conocía: tenía como tantos otros las postales, las fotos, las citas obligadas... Pero no había pasado esa barrera que te sacude entorno al primer mes, cuando bajas la mirada de las cumbres de los edificios y pasas a fijarte en la gente que puebla las aceras. Todos los que como tú no querían otra cosa que vivir en Nueva York y se parten todos los días la cara para no salirse del mapa.

No me entiendas mal, no. Vivir aquí es lo más grande. Lo único es que no lo pones fácil con tus ritmos y tus precios y tus tormentas de nieve y tus funcionarios bordes y tus sirenas que suenan más alto que en cualquier otro lugar del mundo. Pero qué más da, digo yo, porque eres como la chica más guapa del colegio, la que se puede permitir poner todas las trabas del mundo porque su legión de seguidores no repara en obstáculos. La han visto de lejos y eso basta, y por eso todos seguimos toda la vida un poco enamorados de ti aunque de vez en cuando refunfuñemos.

Así son las cosas. Casi todos los españoles de Nueva York saben ya que la frase "En España se vive mejor" no es un tópico sino una verdad científica, enunciada por Mario Saavedra y Antonio Muñoz Molina entre otros célebres exresidentes. Y no por eso nos gustas menos. No hay nadie que no sepa que eres un gran sitio para vivir bien, tal vez el mejor. También que en ti hay mucho malvivir. Pero todos estamos dispuestos a darte otra oportunidad. A la que nos guiñas un ojo, nos vuelves a robar el corazón. Es una cursilada pero como decían "quien lo vivió, lo sabe".

¿Quién nos puede quitar el orgullo de haberte conocido de verdad? De haberte vivido y sobrevivido. De haberte disfrutado. Gracias por cambiarme la vida. Gracias por todo lo aprendido. Gracias por los buenos amigos de este año. No te confíes, que volveré.

Once a New Yorker, always a New Yorker. 

PD. Por aquí seguiré americaneando en la distancia. Gracias a todos los que me leéis y de verdad que espero que lo sigáis haciendo.

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