lunes, 7 de julio de 2014

Lo que yo recuerdo de Pedro Sánchez Castejón

La primera y única vez que entrevisté a Pedro Sánchez él era un concejal de segunda en Madrid y yo tenía mucho más pelo. No recuerdo siquiera el tema: parquímetros, festivales de verano... quién sabe. En cualquier caso no era nada crucial en la agenda municipal porque si así fuera no lo hubiera llevado entonces Pedro Sánchez. Tal vez el signo definitivo de la escasa consideración que le tenían en el grupo municipal es que le dieran su número particular al periodista de una tele local, como hicieron. La razón de existir y fin último de un gabinete de prensa político siempre es que no te los saltes pero se ve que en el caso de Pedro, les daba igual.

Lo que hasta ese momento momento pensaba de él es que no era de los que hablaba más en el pleno pero sí de los que hablaba mejor. Claro que en el yermo panorama del socialismo madrileño, eso no era entonces ni ahora mucho decir. Sé que le llamé para que me dedicara cinco minutos y que dijo que sí al momento, lo que era una novedad en mi vida de entonces. También me acuerdo que sonó exactamente como suena ahora: inteligente, afable, estudiado, artificial y con una preocupante falta de espontaneidad.

Lo que mejor recuerdo es que no quedamos en Cibeles ni tampoco en la plaza de la Villa, donde todavía vivía en el exilio todo el ayuntamiento menos Gallardón y sus pretorianos. Quedamos en esa sede paralela que tiene el PSOE en la calle Gobelas, al pie de la carretera de la Cooruña, rodeada de chalés millonarios en la urbanización de La Florida. Algún trabajo electoral andaba haciendo para la reelección de Zapatero y sé que pensé: mira, parece que el ostracismo en que le tienen los lumbreras del PSM no se corresponde con lo que de él piensan en Ferraz. Vete a saber. Entonces el PSM era tan indescifrable y dado al absurdo como es ahora. O a lo mejor yo lo había interpretado mal.

De aquella entrevista hubo poco que reseñar, probablemente porque la especialidad de Pedro Sánchez era entonces y es ahora el ajustarse al guión. Lo vi también cuando a su compañera concejal Beatriz Corredor la hicieron ministra de Vivienda y se lo quiso llevar de Secretario de Estado; la cosa se torció por algún lado y Pedro se quedó en el ayuntamiento de Madrid con sus parquímetros y sus festivales de verano. Cuando pasó al lado del corrillo de periodistas al día siguiente no se permitió ni una coma fuera de sitio. Dijo que había que trabajar por Madrid y que tenía mucho que hacer. No se le escapó ni un chiste ni una risilla, ni un off-the-récord ni un nada. Puro guión.

Recuerdo haber pensado que era un ejemplo de autocontrol, porque aquello hubiera sido un salto muy grande y la decepción se le veía en la cara. Esa disciplina de mensaje es un arte complicado y masoquista, racional, y probablemente muy beneficioso para un político. Sin embargo ayuda cuando además puedes transmitir a la gente que de verdad te lo crees. Pedro Sánchez decía entonces y ahora todas las cosas correctas, pero todavía estoy por escucharle algo espontáneo y ya han pasado unos cuantos años.

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