martes, 17 de junio de 2014

Por qué Hillary Clinton no será presidenta

Lo he puesto así de claro y así de fácil para que me podáis dar bien en los morros si el 20 de enero de 2017 resulta que sí, que jura el cargo. Pero yo creo que ni será ni debe ser, aunque no son muchos los que están de acuerdo conmigo: el 80% de los estadounidenses cree que es probable que se lleve las primarias demócratas y un 60% piensa lo mismo de la general. Se equivocan.

El mejor argumento por el que Hillary no será ni debe ser presidenta lo dio ella misma hace poco cuando dijo que no ha conducido un coche desde 1996. No es que tenga chófer desde entonces, que lo tiene desde mucho antes, es que no se ha puesto al volante siquiera. Un récord que probablemente supera al de Mariano Rajoy.

Esto, que es sólo una anécdota, es en realidad mucho más. Hillary lo tiene muy difícil para conectar con una persona normal. Lleva un carrerón político casi ininterrrumpido que la ha llevado de primera dama de Arkansas a primera dama de EEUU, de ahí a senadora por Nueva York y candidata a la presidencia, para terminar como secretaria de Estado. El último año que Hillary pasó como una persona corriente y moliente yo aún no había nacido y España acogía el mundial de fútbol: 1982.

Esa desconexión que ya era evidente en su primer asalto a la presidencia es aún más clara hoy. Cuando Hillary dice cosas como que ella y su marido dejaron la Casa Blanca "arruinados", no es que esté mintiendo del todo, significa que en el mundo de billonarios en el que llevan décadas viviendo, estaban de lo peorcito. No es el "arruinados" de no sé cómo llegaré a la semana que viene, es el "arruinados" de a ver cómo me organizo para comprar una mansión en Chappaqua y pagar las facturas de los abogados cuando a mi marido le acaban de dar un anticipo de diez millones por su biografía.

Así que a pesar de todos los demócratas que le ruegan que se moje y de que ella misma está preparándolo todo con minuciosidad, yo creo que perderá. Todavía no sabemos cómo ni quién, pero hay alguien ahí afuera listo para derrotar a Hillary. Alguien que ha conducido un coche al menos en los últimos diez años, tal vez incluso sigue haciéndolo. Alguien que toma buena nota de la noticia que ha dado hoy Bloomberg sobre cómo los Clinton tienen un entramado financiero montado para no pagar el impuesto de patrimonio que siempre han apoyado. De nuevo algo que es de lo más normal en los círculos en los que los Clinton hacen su vida desde hace mucho, pero que el estadounidense normal puede no comprender tan bien.

El peor enemigo de Hillary no son los escarceos de su marido ni el embajador que se le murió en Benghazi, es su propia desafección. Es sólo cuestión de tiempo que alguien se de cuenta.

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