miércoles, 25 de junio de 2014

Explícale a un diputado que no debe tener miedo

La próxima vez que intentemos convencer a un político español de la necesidad de listas abiertas y primarias, tal vez deberíamos empezar por decirle que su puesto de trabajo no peligraría a consecuencia de ello. Podríamos citar el ejemplo de Estados Unidos, donde sólo un 7% de la población dice confiar en el Congreso pero sin embargo alrededor del 90% de los legisladores son reelegidos.

Ayer, jornada electoral, tuvimos dos buenos ejemplos: El senador republicano Thad Cochran, que lleva 36 años en la silla, se deshizo del tipo que trataba de derribarlo desde la derecha en las primarias republicanas. Al mismo tiempo el demócrata Charlie Rangel, que lleva representando a Harlem en el Congreso 43 años, se salvó por poco del desafío en la primaria demócrata del político dominicano más poderoso de Nueva York, Adriano Espaillat.

En el fondo las dos historias tienen mucho que ver. Para empezar en ambos lugares las primarias lo son todo: es prácticamente imposible que un republicano gane en Harlem y es igual de difícil que Mississippi elija a un senador demócrata. Y para seguir ambas historias dejan claro que aunque en política David gana a veces a Goliath, eso sucede poco y casi siempre porque Goliath está tan fuera de la realidad que no ve venir la pedrada. Los políticos tienen un poderoso instinto de superviviencia y no se dejan sorprender tan fácilmente.

Así que no teman, señores diputados, que por lo que parece tienen más posibilidades de caer en desgracia con el líder en el sistema actual que de recibir una patada directamente de los votantes. Piénsenlo bien porque anoche un conservador sureño de Mississippi ganó las primarias republicanas movilizando el voto negro y el anciano congresista de Harlem volvió a demostrar que su distrito es cada vez menos negro pero que todavía no es suficientemente Bronx como para elegir un dominicano. ¿He mencionado que el congresista en cuestión ha ido de escándalo en escándalo por no pagar impuestos, no declarar bienes y muchas otras tropelías? En definitiva, políticos españoles: dense una oportunidad.

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