martes, 3 de junio de 2014

El Rey tiene que ser un unicornio

Mis amigos estadounidenses me miran con una media sonrisa cuando les hablo de la 'dimisión' del Rey. Las monarquías no les repugnan, pero las miran con la misma actitud curiosa y un poco incrédula que tienen los turistas japoneses que van a un tablao flamenco. Les parece curioso, divertido, "charming"... pero no lo entienden. Es para ellos una rareza simpática como una japonesa con un kimono o un holandés que lleva zuecos. Como si en Japón, en Holanda y en España todavía hubiera un tipo que es jefe de estado por derecho de sangre y no hay más que hablar. Les tiene fascinados y no me extraña.

A mí también, la verdad. Un rey tenía que ser una cosa como un unicornio o un dragón, que estuviera en los cuentos pero que no existiera de verdad. Que no hubiera existido nunca, claro, pero ya es un poco tarde para esto. Siempre me he llevado mal con la idea de la monarquía hereditaria, con el hecho de que el más fuerte de la pandilla se hiciera rey y años y años después los nietos de sus nietos tuvieran la vida solucionada. Es la pura definición de la injusticia.

De esto se dan cuenta todos: escépticos, realistas, juancarlistas, los que no quieren lios... todos saben que la monarquía es un sinsentido. Es por eso que el debate sobre ella siempre se hace en términos posibilistas, hablando de si cuesta tanto tenerla o si cuesta tanto quitarla o si nos sale a cuenta que el Rey juegue al mus con el sultán de nosedonde para que OHL construya un ave. Todo eso está bien, pero la pregunta fundamental está respondida hace muchos años. La monarquía es una cacicada absurda por concepto, sean cuales sean sus consecuencias e independientemente de quién lleve la corona.

Lo que pasa es que todos nos hemos dejado llevar por la comodidad. Cambiar, desde luego, es un follón: ponte a hacer una constitución, siéntate a hablar con los otros, aclara qué pasa con la familia real... Y durante muchos años no nos ha gustado nada el follón. Una mentalidad vuelvaustedmañanista que nos ha ido, ya se ve, de perlas. Pero ahora es diferente porque el trabajo sucio ya está hecho, ya se ha encargado la crisis de ponerlo todo patas arriba y sacar a flote todas las miserias. Así que si a mí me preguntan, que nadie lo ha hecho, yo creo que va siendo hora de acabar con el cuento del unicornio. Sin histerias, sin violencia y sin insulto. Con la calma de las urnas.

1 comentario:

  1. Genial el artículo Carlos, suscribo cada palabra la verdad...

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