jueves, 12 de junio de 2014

El gran fracaso estadounidense

Ahora nadie quiere saber nada. A Obama la intervención en Iraq le pareció una idiotez desde el primer día y lo único que quería era cerrar el capítulo lo más dignamente posible; y una vez que lo cerró con el último soldado de vuelta en casa, por nada del mundo va a volver a abrirlo. Es por eso que mientras las milicias suníes avanzan hacia Bagdad, el presidente se tapa los oídos y canta muy alto para no escuchar los gritos del primer ministro iraquí. Eso y el ruido ensordecedor que hace un país al romperse, acompañado del estruendo de un inmenso fracaso.

Obama dirá tal vez, en la intimidad, que nada de esto es culpa suya; que quién fue el idiota que tuvo la idea de convertir al U.S. Army en una contrata de construcción de democracias en Oriente Próximo. Todos sabemos quién fue el idiota pero haría bien el presidente en sentarse tranquilamente a pensar en las terribles consecuencias que puede tener la caída y división de Iraq. No para su presidencia, que ya está amortizada y en una apatía insalvable, sino para el papel mismo que quiere jugar EEUU en el mundo.

Casi 4,500 militares estadounidenses murieron en el experimento iraquí. Por las razones equivocadas, desde luego, pero el caso es que había una misión y fue una misión costosa en vidas y en recursos. Si ahora resulta que todo eso no ha servido para nada, si Iraq se convierte en un puzzle de califatos en permanente guerra religiosa... entonces la política exterior estadounidense se acabó. Nadie volverá a convencer a los estadounidenses de que se preocupen de lo que pasa en el resto del mundo. El aislacionismo de los años 20 va a parecer una broma.

Nadie espera que Obama mande a la 82 aerotransportada a que tome de nuevo el aeropuerto de Bagdad, pero el presidente parece receloso a autorizar incluso los ataques aéreos que le pide el gobierno iraquí para retrasar el avance de las milicias. No hay modo de que los suníes dominen Iraq por completo, pero sí de que vuelva la guerra sectaria y el país se desmorone, con los kurdos al norte felices de que los dejen solos y los suníes y los chiíes matándose entre sí. Un panorama fabuloso para el sustituto de Obama, quien quiera que sea, y que dejará sin duda al presidente en un lugar de honor en los libros de historia. La nueva era del aislacionismo.

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