viernes, 23 de mayo de 2014

Veteranos de guerra

Estados Unidos es un país que sabe honrar a sus héroes, al menos en lo que a la retórica se refiere. Aplauden a los soldados de uniforme en el descanso de los partidos y los paran por la calle para estrecharles la mano y decirles: "thanks for your service". El próximo lunes es Memorial Day y el país se volcará en pequeños gestos como este.

No lo digo con la sorna que lo suelen decir los españoles. Este reconocimiento social me parece lo menos que puede hacer un país por quien va donde le dicen y cuando le dicen, sin rechistar, a hacer lo que nadie más quiere hacer. Una cultura ciudadana de gratitud que es envidiable aunque a veces se quede en la fachada. Incluso aunque no llegue a los muchos mendigos son o se publicitan como veteranos de guerra. Incluso aunque incluya mucho epitafio a los muertos y poca atención a los vivos.

El culto al heroísmo tiene en Washington su ciudad santa. La capital es un enorme mausoleo lleno de memoriales de guerra y homenajes a héroes muertos. Una parque temático del llamado ‘excepcionalismo americano’, la perfecta visita de fin de semana que deja obnubilados a los pueblerinos, deslumbrados con el fulgor del poder estadounidense y con su mitología escrita en mármol.

Pasan por la capital el tiempo justo para admirar mucho e indagar poco y se marchan imbuidos del sentido de pertenencia que ha mantenido a este país unido a pesar de todos los pesares durante dos siglos y medio. Pero antes, desde luego, cruzan el Potomac para visitar el mármol de mármoles; el verdadero templo de la muerte y del heroísmo, de los mejores valores estadounidenses y del heroísmo que sustenta la leyenda.

Bajo las verdes colinas de Arlington, 400.000 soldados estadounidenses descansan. De la guerra civil hasta la de Irak, su presencia lo llena todo. En su mayoría se trata de filas y filas de simples lápidas blancas que crecen a razón de 30 por día. Un silencio respetuoso lo llena todo, dándote cierta paz al principio y hundiéndote en un opresivo luto después de ver las cien primeras tumbas. Todo es tan solemne que es un milagro que el soldado que desfila una y otra y otra vez ante la tumba de los soldados desconocidos no se vuelva loco.

Como Arlington, hay 131 de estos cementerios repartidos por el país, limpios y cuidados, solemnes y austeros. El país pasa con nota en su trato a sus muertos, no tanto así a sus vivos: esta semana los estadounidenses andan revueltos con las últimas revelaciones de los hospitales de veteranos, cuyas listas de espera harían estremecerse a cualquier paciente del 12 de Octubre. Más de uno se ha muerto esperando entre la palmada en la espalda y el mármol. Sobrevivir para esto, supongo que dirán.


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