lunes, 26 de mayo de 2014

Marcharse a tiempo: cuando Rubalcaba era 'el salvador'

Ahora que el PSOE vive en el desastre permanente es difícil recordarlo, pero en la primavera de 2011 hubo muchísima gente que le rogó a Alfredo Pérez Rubalcaba que tomara las riendas. Dentro y fuera del partido, eran legión los aterrorizados que pensaban que Rubalcaba podía si no parar el golpe, al menos mitigar la violencia del impacto.

Y no era ninguna locura. A pesar de todo aquel ruido del Faisán, Rubalcaba era el socialista mejor conocido y más tragable para el centro; tras cien años en el establishment nadie podía tacharle de revolucionario y desde luego que no era un bobo ingenuo como el que el PP señalaba en Zapatero. Tampoco era una treintañera que había hecho una transición veloz de ser catalana a ser andaluza y eso ayudaba.

Pero el golpe, claro está, no había quien lo parara. Y Rubalcaba se despeñó no más que ningún otro cuyo nombre hubiera ido justo debajo del puño y la rosa. Y él lo sabía, supongo, pero: ¿quién le culpa? Al feo, a inteligente operador en la sombra, al secundario de lujo nunca le dejan presentarse. Sólo ante un desastre así podía Rubalcaba ir el primero de la lista. Había que probar, claro.

Es entonces cuando la cosa se vuelve incomprensible. Cómo este tipo se ha dejado arrastrar por los caballos durante todo este tiempo: él, al que los suyos llaman inteligente y los otros llaman maquiavélico, que en política es tanto como decir muy inteligente. Rubalcaba ha seguido y seguido hasta ser ignorado por todos, los suyos y los otros.

Tal vez era espíritu del deber, tal vez quería recibir la última paliza y dejar al nuevo candidato sin un desastre precoz. Tal vez, más probablemente, esperaba uno de esos milagros en los que creen los políticos; una resurrección europea que le diera otra oportunidad. O tal vez miraba alrededor a muchos de los que quieren sucederle y justificadamente pensaba, ¿con estos van a estar mejor?

Lo único cierto es que el PSOE es hoy sólo más viejo y más débil que cuando él llegó a la secretaría general, como el propio Rubalcaba. Que el gran urdidor ha perdido en esto hasta la reputación y que todos los que gritaban ´sálvanos´ llevan meses gritando ´márchate´. Llevando al PSOE en carrera hacia la irrelevancia, él mismo se ha quedado allí.

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