jueves, 6 de marzo de 2014

Obama y Putin, duelo de fracasados

De un lado, Barack Obama, ya con esa cara de cadáver que se le pone a todos los presidentes en su segundo mandato. Consciente, desde luego, de que el tiempo se acaba y de que lo que no haya conseguido hasta ahora ya es poco probable que lo consiga... y de que lo que ha conseguido, es más bien poco. O eso parece, porque rescatar al país del abismo financiero y obligar a todos los estadounidenses a tener seguro médico no le parece gran cosa a sus conciudadanos. Su popularidad languidece en mínimos históricos y presidente se ve ante la incómoda certeza de que su única línea en la historia la escribió antes incluso de llegar a la Casa Blanca: "el primer presidente afroamericano". Desde entonces, todo ha sido caer.

Del otro lado el zar Vládimir Putin, que acaba de gastarse 36.000 millones de euros en una olímpica operación de lavado de imagen que él mismo se ha encargado de arruinar sólo unas semanas después. Si los juegos de Sochi habían provocado más chistes que otra cosa en Occidente, ahora el presidente ha decidido que la nueva cara de Rusia no será la de esos lavabos increíbles en los estadios sino la de sus tanques en Ucrania. Un rostro más serio, más soviético y mucho más siglo XX.

Obama intentó al principio hacer como que no pasaba nada, temeroso de que la enésima crisis internacional le quitara su última oportunidad de hacer algo grande en Estados Unidos. De ahí el ridículo: Obama hablaba de "graves costes si hay una invasión" cuando la invasión ya había comenzado y la primera amenaza que salió de la Casa Blanca fue la de no mandar delegación oficial a los juegos paraolímpicos. No es exactamente la manera más convincente de intentar devolver los tanques a los cuarteles.

Putin también ha tenido su ración de ridículo. Su protegido Yanukovich le ha salido rana y a huido a la carrera de Kiev con la banda presidencial puesta. Y desde ahí va improvisando. No sabía muy bien para que sacó los tanques y los sacó pese a todo. Ahora Crimea llama a su puerta para anexionarse a Rusia y eso le va a traer graves problemas y pocas ventajas, porque su base naval ya la tenía antes y ahora Occidente está de uñas y al otro lado del Mar Negro, Turquía no quiere ni oír hablar del tema.

Lo de Crimea es un duelo improbable de fracasados. Claro que uno de ellos tiene todo el tiempo del mundo, la prensa amordazada y un parlamento que está completamente a sus órdenes. Obama, en eso, lo tiene peor.

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