viernes, 7 de febrero de 2014

Mejor llámate John Johnson

En este país hay casi 40 millones de hispanos, con su molesta costumbre de llevar los apellidos tanto de su padre como de su madre. Y además a casi todo el mundo le da por ponerse dos nombres. Y sin embargo, desde el punto de vista de las autoridades, más te vale tener un nombre sencillito como John Johnson, porque de lo contrario...

De lo contrario te pasará lo que me sucedió ayer en el templo supremo de la burocracia estadounidense, el Department of Motor Vehicles, en este caso de Nueva York. Ahí iba yo a por mi licencia con todos los papeles en regla y digamos que me llamo Pedro Pablo Hernández de Soto Fernández. Bien largo, sí, pero un nombre similar al que pueden tener otros muchos. El caso es que ahí estaba yo con el pasaporte que me acredita como "Pedro Pablo Hernández de Soto Fernández" y con mi tarjeta de la Social Security en la que, como no cabe entero, pone "Pedro Pablo Hernández de Soto". Error, grave error, porque en ambas no pone lo mismo.

Después de que semejante problemón le causara un cortocircuito a la primera funcionaria que me atendió, fui a dar con un supervisor que me vino a decir: "Muchacho, cambia de nombre". Resulta que es demasiado largo, así que si quiero que los trámites funcionen tengo que acortarlo de alguna manera que quepa en mi tarjeta de la Social Security y asegurarme de poner todas las facturas en la misma fórmula de 'mininombre' para que gente como él no se haga follones.

De modo que un país que es capaz de espiar los mensajes de facebook de medio mundo y saber en qué pantalla del Candy Crush estás atascado desde hace un mes, no puede entender que tu nombre no cabe en la cartulina estándar de una tarjeta de la Social Security. No está nada mal contando con que el primer occidental que puso un pie aquí se llamaba Juan Ponce de León y Figueroa... Mira a ver si ese te cabe.

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