domingo, 15 de septiembre de 2013

Washington de día y de noche

Se supone que Nueva York es "la ciudad", así a secas, y que Las Vegas es "la Ciudad del Pecado". A los Ángeles la llaman "City of Angels" lo que les parece un derroche de imaginación y Washington D.C. no tiene mote ninguno, pero podíamos llamalarla "Ciudad de Funcionarios". En ese sentido sus calles son todo lo que no son las de Nueva York: amplias, tranquilas y hasta algo desoladas. Limpias también, por lo menos en ese pedazo de Washington al que van los turistas y que sale continuamente en televisión.

Al contrario que Nueva York, que funciona casi al completo las veinticuatro horas, Washington trabaja en horario comercial reducido. Los empleados federales se van a casa a las cinco así que los que hacen negocios con el gobierno también. Entre esos dos grupos representan un 90% de la gente que trabaja aquí, así que cuando cogen el coche y emprenden el camino de vuelta a los suburbios de clase media alta de Virginia o Maryland, la ciudad queda vacía. Excepto por los turistas despistados que van o vuelven y los sintecho que deambulan de un lado a otro buscando cobijo, limosna, comida o latas.


Los peores años de Washington quedan ya muy lejos y la "capital del asesinato" ya no es tal. Con todo, su ratio de homicidios por población es casi cuatro veces el de Nueva York. Dicen que parte del prolema son los espacios, que los urbanistas que diseñaron el Distrito de Columbia como la Meca de la nueva nación se pasaron de optimistas. Que la población nunca dio para llenar esas inmensas avenidas y calles rodeadas de parques y monumentos. Sobre todo, hay que decir, la polación blanca: cuando pasó la Segunda Guerra Mundial y los negros del sur seguían viviendo en la pobreza, la segregación y la amenaza, un inmenso número de ellos decidieron huir al noreste en busca de mejores oportunidades. Entre los afroamericanos que llegaban y los blancos que decidían de repente que Washington ya no era para ellos y se mudaban fuera de la ciudad, la población negra subió de menos del 30% en 1940 al 60% a finales de siglo.

Hoy las cosas van bien, uno podría decir. El paro está en el 6%, bien por debajo de la media nacional. El negocio del lobby al gobierno, que sostiene a la parte de la ciudad que no trabaja para el gobierno, va mejor que nunca. En definitiva: la ciudad va bien, o al menos la ciudad de día, la de la gente que trabaja y se vuelve corriendo a vivir en urbanizaciones cerradas o pueblos tranquilos a 45 minutos del distrito. La vida en la ciudad 'de verdad', la que pasa ahí las 24 horas, es más difícil: sólo uno de cada diez blancos lleva a su hijo a una escuela pública, donde a pesar de una de las mayores inversiones por alumno y clases muy reducidas, apenas la mitad llegan a terminar el instituto. Y la ciudad tiene un mayor índice de desigualdad económica que Rusia. Y un 20% de sus familias en la capital de la primera potencia viven por debajo del umbral de la pobreza. La misma cifra que en España, por cierto.

(1) Para entender la vida en el Washington 'de día' y sus continuos juegos de poder: This Town de Marc Leibovich.
(2) Esto de la exigencia de las universidades aquí... Es verdad. Y siete años después de dejar las clases se nota aún más.

1 comentario:

  1. Muy buen post. Y Carlos, tranquilo, volverás a pilalr el ritmo. Ahora, a trabajar!
    Besitos españoles ;-)

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