martes, 24 de septiembre de 2013

No es país para ultras

Tiene su gracia, he aquí un país que tiene extremistas y hooligans sentados en el Congreso pero no los tiene en los estadios. O no los tenía, parece, hasta que los hispanos y los europeos nos empeñamos
en traer aquí nuestro deporte, ese juego absurdo que deja una sola pausa para la publicidad y en el que por no haber, no había ni animadoras hasta que a la liga profesional estadounidense o MSL se le ocurrió que a lo mejor así metía gente en los estadios.

Porque según cuenta el New York Times, y como fiel periolisto le doy total credibilidad, los mandamases del 'soccer' están preocupados porque los hinchas insultan a los porteros cuando van a sacar de puerta. No tiran cabezas de cochinillo como en el Nou Camp ni exhiben esvásticas como se veían hace años en el fondo sur de Bernabéu. No, la preocupación viene por un 'insulto de tres palabras' que se ha puesto de moda dirigir al guardameta cuando va a golpear la pelota. Me figuro que el equivalente al "ehhhhhh cabrón" que tanta solera tiene en los campos españoles.

Pero esto no es España y no van a dejar ni la más mínima posibilidad de que la grada de Sporting Kansas City acabe como la del Panathinaikos. Con lo que ha costado convencer a los estadounidenses de que le den una oportunidad a este deporte, una pequeña, la MLS impondrá incentivos y multas para acabar con los insultos y evitar así que el soccer se convierta en el primer deporte profesional estadounidense en incorporar las borregueces que sufrimos en el resto del mundo.

Porque en este país son fanáticos del deporte pero de una manera diferente. Cuando el domingo fui a ver a los New York Jets al Metlife Stadium, 80.000 personas rugían en cada tercer down del rival pero no escuché insultos. Los hay, claro, pero no el tipo de acoso organizado al que estamos acostumbrados nosotros. La temporada regular de la NFL tiene sólo ocho partidos en casa y el respetable está más al juego que a otra cosa, por eso entre la marea verde de los Jets se veían muchas camisetas azules de los Buffalo Bills sin que nadie pasara un mal rato. Tampoco el baseball, con sus enemistades eternas como la de los Yankees y los Red Sox, suele tener más polémica que algún entrenador que se marcha cabreado. En el baloncesto los Knicks siempre odiarán a Reggie Miller y en el hockey toda la violencia se queda dentro de la pista, pero la grada sabe lo que es vivir un partido a tope sin que nadie se sienta incómodo. O eso parece al observador novato.

No está mal para un país donde se bebe cerveza en los estadios.

(1) Hasta para insultar hay clases. Este finde el Barça nos ha dado un buen baño, pero la afición del Rayo no ha llamado a Messi 'enano' o 'hijo de p...'. Mejor aún: defraudador.
(2) Y ya tenemos billetes para ir en navidad. No vaya a ser que os olvidéis de nosotros.

4 comentarios:

  1. Menos samba y mas trabajar...
    Mas posteo¡¡¡

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  2. Lo que le falta el espectador aca es esa mistica sudamericana de la pasion y al odio en 90 minutos...

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  3. Os recomiendo el documental barras bravas argentinas, esos si que son hooligans...
    Besos carlos

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