martes, 6 de agosto de 2013

Por qué Jeff Bezos no es ningún santo y otras reflexiones sobre la venta del Washington Post

En la ciudad de Breinigsville, Pennsylvania, saben bien quién es Jeff Bezos. O tal vez no, pero desde luego conocen la planta que tiene Amazon en la ciudad. Esa que "saltó a fama" porque en pleno verano se trabajaba a 43º de temperatura y en la que la dirección prefería contratar ambulancias que atendieran las lipotimias a instalar aire acondicionado. En un solo día quince empleados necesitaron asistencia por golpes de calor pero no se permitía abrir puertas o ventanas por miedo a los robos. Eso sí, repartieron helado.

Y este, amigos, es el maravilloso mundo de Amazon que Jeff Bezos ha creado y que le da unos beneficios tan inmensos que con un mero 1% de su fortuna ha podido comprarse el periódico que derribó a Nixon. De hecho acabo de leer que al ritmo de ganancias que lleva podría comprarse el periódico cada tres días, porque es lo que tarda en generar los 250 millones de dólares que le ha costado. ¿Es Bezos el demonio? En absoluto, solo es el típico
gran empresario billonario de nuestra era: poco o ningún respeto por los trabajadores, mucho marketing y escasísimas ganas de pagar impuestos. Un retrato diferente al del ángel salvador que algunos pintan en los periódicos de hoy.

Porque Jeff Bezos ha tranquilizado a sus nuevos empleados del Washington Post con un mensaje de continuidad: él piensa seguir viviendo en el otro extremo del país, quiere mantener a los responsables actuales del periódico y además su línea editorial. Pero a nadie se le escapa que el segundo periódico con más renombre del país acaba de caer en manos de una persona que puede tener al menos la tentación de capitalizar su influencia. Bezos es Amazon, y Amazon se juega miles de millones en la política de Washington en asuntos que van desde el salario mínimo a las leyes antipiratería, pasando por el derecho de los trabajadores a la negociación colectiva.

La realidad es que no existe el 'dueño perfecto' para un periódico. Pensando en lo ideal debería de ser alguien inmensamente rico, como Bezos, y dispuesto además a que la rentabilidad económica sea algo secundario pero, ¿eso existe? Existía, hasta hace poco. Las familias que controlaban hasta hace cuatro días los grandes periódicos se tomaban  la prensa muy en serio, como un servicio público y además se preciaban de 'dejar hacer', de no inmiscuirse en el día a día. El problema, por supuesto, es que los periódicos cada vez ganan menos, las familias son cada vez más grandes y la política de 'dejar hacer' es un modelo empresarial destinado a las pérdidas.

Las decenas de nietos y biznietos de los fundadores no están tan interesados en mantener un negocio que pierde dinero sólo por cumplir con un deber moral, sobre todo cuando sus asesores les dicen a las claras que los buenos tiempos no volverán. Por eso los Bancroft acabaron por venderle su joya de la corona, el Wall Street Journal, a un personaje tan controvertido como el magnate australiano Rupert Murdoch. Ahora tras casi un siglo, los Graham dejan el Washington Post en manos de un nuevo rico de la era de Internet pero la diferencia es que mientras Murdoch tuvo que insistir y pagar una fortuna por el WSJ, en este caso han sido los Graham los que han salido a la caza de un millonario para que se quedara con su periódico. En ambos casos las familias querían vender cambiando lo menos posible su querida cabecera, pero si nos fiamos de lo sucedido en el WSJ, cabe preguntarse si eso es posible. Los nuevos dueños no suelen ser tan partidarios del 'dejar hacer' a los periodistas, más bien de que les 'dejen hacer a ellos'. En Breinigsville, Pennsylvania, también lo saben.

(1) De las grandes familias estadounidenses de la prensa, sólo quedan ya los Sulzberger que se mantienen en el New York Times.
(2) Hay un libro excelente sobre la operación de Murdoch para hacerse con el Wall Street Journal y cómo se vivió dentro del diario y en la familia Bancroft. Es 'War at the Wall Street Journal' de Sarah Ellison.

2 comentarios:

  1. Hola Carlos!.

    Bueno tu análisis. Pero sólo añadir alguna cosa por "sembrar cizaña"... Bezos efectivamente es así, pero también los grandes empresarios de la moda española que fabrican en el tercer mundo; nuestras petroleras -o lo que queda de ellas-...y un poco todos nosotros, que preferimos comprar más barato cosas que se fabrican en condiciones infrahumanas...Una pena que ahora le toque también al periodismo pero quizá es el signo de los tiempos.

    Un abrazo!. Que vaya muy bien. Y seguiré atento al blog.

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  2. Y llevas razón... también habría que preguntarse si existe una manera limpia de ganar 25.000 millones de dólares como tiene el amigo Bezos. Un saludo

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