sábado, 10 de agosto de 2013

No son horas

Quedan cuatro horas para que suene el despertador y unas pocas más para que despegue el avión. No puedo dormir. Las maletas esperan ya a medio cerrar y la ronda eterna de las despedidas ha terminado. Una nueva vida espera. Empieza, ahora sí, el americaneo.

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